miércoles, 21 de julio de 2010

Valorando lo que tenemos



Aunque me tapo los oídos con la almohada y gruño de rabia cuando suena el despertador... Gracias a Dios que puedo oír. Hay muchos sordos.

Aunque cierro los ojos cuando, al despertar, el sol se mete en mi habitación... Gracias a Dios que puedo ver. Hay muchos ciegos.

Aunque me pesa levantarme y pararme de la cama... Gracias a Dios que tengo fuerzas para hacerlo. Hay muchos postrados que no pueden.

lunes, 12 de julio de 2010

Todos somos vasijas agrietadas

"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta."
Romanos 12:2


Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de sus hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, por donde perdía lentamente parte de su contenido, mientras que la otra era perfec­ta y por ello conservaba toda el agua hasta el final del largo cami­no a pie, desde el arroyo hasta la casa del aguador, pero cuando llegaban, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.

jueves, 1 de julio de 2010

Dios quiere que sepas esto...

¿Sabes lo bueno de tener un Dios amoroso? Él siempre está con nosotros! No importa dónde estemos, no importa cómo estemos, no importa quiénes seamos: Él está a nuestro lado.

Jesús dijo: "he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" Mateo 28:20

Cada día de tu vida debes vivir con la certeza de que Dios está a tu lado haciéndote compañía. Él no sólo nos enseña el camino a seguir, sino que siempre camina a nuestro lado.
Y si el camino se te hace difícil, recuerda que "el diablo le puso a Jesús las mismas trampas que nos pone a nosotros para hacernos pecar, sólo que Jesús nunca pecó. Por eso, él puede entender que nos resulta difícil obedecer a Dios. Así que, cuando tengamos alguna necesidad, acerquémonos con confianza al trono de Dios. Él nos ayudará, porque es bueno y nos ama". Hebreos 4:15-16 

"Nuestro Dios es como un castillo que nos brinda protección. Dios siempre nos ayuda cuando estamos en problemas". Salmos 46:1

"Bueno es el Señor; es refugio en el día de la angustia, y protector de los que en él confían". Nahúm 1:7 

El Salmista miraba lo que tenía alrededor, veía su situación y le cuestionaba al Señor, pero también él mismo se contestaba, porque sabía que su ayuda estaba en Dios: 

"A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra". Salmos 121:1-2 

Si hay algo que Dios desea decirte hoy es lo siguiente:

"No temas, porque yo estoy contigo;
no te angusties, porque yo soy tu Dios.
Te fortaleceré y te ayudaré;
te sostendré con mi diestra victoriosa".

Isaías 41:10 

martes, 8 de junio de 2010

Homenaje a un padre especial

Un día, acudí a mi padre con uno de mis muchos problemas de aquel entonces... Me contestó como Cristo a sus discípulos, con una parábola: "Hijo(a), ya no eres más una simple y endeble rama; has crecido y te has transformado, eres ahora un árbol en cuyo tronco un tierno follaje empieza a florecer. Tienes que darle vida a esas ramas. Tienes que ser fuerte, para que ni el agua, ni el día, ni los vientos te embatan. Debes crecer como los de tu especie, hacia arriba. Algún día, vendrá alguien a arrancar parte de ti, parte de tu follaje. Quizá sientes tu tronco desnudo, más piensa que esas podas siempre serán benéficas, tal vez necesarias, para darte forma, para fortalecer tu tronco y afirmar sus raíces. Jamás las mentes las adversidades, sigue creciendo, y cuando te sientas más indefenso(a), cuando sientas que el invierno ha sido crudo, recuerda que siempre llegará una primavera que te hará florecer... Trata de ser como el Roble, nunca un Bonsái".

Ahora quisiera tener a mi padre conmigo, y darle las gracias por haber nacido, por haber sido, por haber tenido, por haber triunfando, y por haber fracasado.

Si acaso tuviera mi padre a mi lado, podría agradecerle su preocupación por mí, podría agradecerle sus tiernas caricias, que no por escasas, sinceras sentí.

Si acaso tuviera a mi padre conmigo, le daría las gracias por estar aquí, le agradecería mis grandes tristezas, sus sabios regaños, sus muchos consejos, y los grandes valores que sembró en mí.

Si acaso mi padre estuviera conmigo, podríamos charlar como antaño fue, de cuando me hablaba de aquello del árbol, que debe ser fuerte y saber resistir, prodigar sus frutos, ofrecer su sombra, cubrir sus heridas, forjar sus firmezas... y siempre seguir. Seguir luchando, seguir perdonando, seguir olvidando... y siempre seguir.

Si acaso tuviera a mi padre a mi lado, le daría las gracias...